Venezuela El largo calvario eléctrico: nuevo apagón

La crítica situación del servicio eléctrico venezolano, que ha originado seis apagones de consideración en un mes, el último acaecido en la medianoche del martes 9 de abril, muestra la cara más depauperada del gobierno de Nicolás Maduro, incapaz de revertir la situación. Los planes de racionamiento llegaron para quedarse, pronosticaron los expertos.

Jesús Gómez Medina, ingeniero civil que forma parte de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, y miembro del Grupo Orinoco; Paulo De Oliveira, profesor de la Universidad de los Andes en Bogotá y PhD en Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Oporto, y Víctor Poleo Uzcátegui, profesor de la Universidad Central de Venezuela y ex director del Sector Eléctrico del Ministerio de Energía y Minas entre 1999 y 2001, analizaron por qué se llegó a esta situación, qué hace falta para revertirla y qué le espera al país en caso de seguir por el mismo camino.

Afirmaron que la gerencia no tiene los conocimientos ni la capacidad para dirigir la estatal eléctrica, signada por la corrupción y el clientelismo, y que el mantenimiento preventivo se ha abandonado totalmente.

El porqué del colapso

Gómez Medina señaló que existen múltiples razones para que se haya llegado a esta crisis. “Es una situación que se veía venir desde hace más de 10 años. Creo que el gobierno desde el comienzo se propuso limitar el acceso a un servicio eficiente de electricidad para tener un control político sobre la población”, señaló.

Explicó que se diseñaron políticas erradas desde el punto de vista de la calidad del servicio, pero efectivas para los fines que se perseguían:

“En primer lugar se modificó la matriz de generación pasando de una que tenía 67% de generación hidroeléctrica a una que hoy día tiene 52% de generación térmica y 48% de generación hidro. Se abandonaron todos los proyectos hidroeléctricos, especialmente los ubicados en la región andina, solo se terminó la última turbina que faltaba en Caruachi y se contrató a una empresa argentina para la fabricación, suministro y montaje de las 10 turbinas de Tocoma ,que nunca se han entregado y que está muy distante su puesta en servicio si es que algún día se llega a hacer”.
“Este incremento en la generación térmica requiere de importantes volúmenes de combustibles fósiles, gas, diesel y fueloil. También se pospuso la mayoría de los proyectos de gas combustible fundamental en las plantas térmicas y adicionalmente, dado que la mayor parte del gas en Venezuela corresponde al gas asociado, al tener una disminución mayor de 65% en la producción petrolera, en esa misma medida ha disminuido la disponibilidad de gas para las plantas termoeléctricas. Igualmente, no se construyó nueva infraestructura de gasoductos, razón por la cual muchas plantas no pueden abastecerse de él”.
“Dada la escasez de gas natural se está utilizando diesel y fueloil pero con la reducida capacidad de refinación en que se encuentran las refinerías, no hay disponibilidad suficiente para abastecer las plantas, razón por la cual ha sido necesario importar esos combustibles en un volumen en el orden de 50.000 barriles por día, lo cual significa una erogación de unos 2.000 millones de dólares anuales”.

De Oliveira indicó que el sector eléctrico venezolano estaba predestinado a colapsar. “El formidable sistema que conocimos hasta 1998 se construyó en virtud de los excedentes del ingreso petrolero y no de un esfuerzo productivo genuino de la sociedad”, manifestó.

Afirmó que apenas el petróleo perdiera relevancia en las finanzas públicas, el primer sistema en caer sería el eléctrico. “En el imaginario venezolano la electricidad siempre ha estado presente. Casi nadie se sacrificó por hacer que la luz llegara a sus ciudades y pueblos. Los ciudadanos no pagaron tarifas que permitieran recuperar los enormes costos de los desarrollos del Caroní o de la electrificación rural. Por lo tanto, la electricidad barata y la permisividad en las conexiones clandestinas constituyeron factores de cohesión social que coadyuvaron al mantenimiento del modelo populista instaurado a partir de 1958”, precisó.

Indicó que a partir de 1999 este modelo populista fue exacerbado por el chavismo hasta límites impensables decretando la gratuidad del servicio y su dependencia absoluta al ingreso fiscal petrolero. “El colapso de las finanzas públicas ha hecho insostenible el modelo de electrificación universal y gratuito. El colapso tiene sus raíces en la dejadez en que la sociedad delegó en el Estado empresario la calidad de su servicio eléctrico y de los demás servicios públicos”, recalcó.

Agregó que la crisis se profundizará porque el chavismo no es reformable: “En una economía de subsistencia el acceso a la energía es anárquico. No existen economías de escala en este entorno que permitan expandir el servicio a un costo competitivo”.

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