Pedro Sánchez calma a los barones: no habrá ‘superdomingo’ electoral el 26 de mayo (EL MUNDO)

El Gobierno y el PSOE se adentran en 2019 sin poder alumbrar en qué situación estarán dentro de 12 meses. Si seguirán o no en La Moncloa, si se habrán celebrado unas nuevas elecciones generales, las ganarán o las perderán, si el partido logrará retener en mayo su poder territorial. Pedro Sánchez está determinado a abrirse paso a machetazos, cortando en cada momento las ramas necesarias que le conduzcan a una vía de salida. Pero sí parece convencido de que algunos caminos no los va a tomar. El presidente no contempla la posibilidad de hacer coincidir las elecciones generales con las europeas, autonómicas y municipales del 26 de mayo y así lo trasladó a sus barones en las reuniones mantenidas en La Moncloa antes de las vacaciones navideñas. No es que descarte un adelanto electoral -él mismo ha asegurado en conversación informal con periodistas que sin unos nuevos Presupuestos “claramente no puede llegar a 2020”- pero no tiene en la cabeza un superdomingo electoral. Esta es la conclusión de varios dirigentes que abordaron este asunto con él en los citados encuentros. Todos ellos señalan que Sánchez “no está pensando” en unas generales en mayo y que, con todas las cautelas de un año tan complicado, no es “su opción”. De hecho, estos interlocutores salieron de La Moncloa en cierta manera aliviados y, aunque el presidente no fue explícito, con el compromiso de que irán a las urnas en solitario. Todos son conscientes de que, pese a ello, las elecciones autonómicas estarán contaminadas por el debate político nacional y por la cercanía del presidente con los independentistas, de quien depende para poder aprobar los Presupuestos. Los barones, por eso, están planificando ya campañas con un enfoque muy personal, en las que, en general, tras el varapalo de las andaluzas, se va a hablar mucho de España y no se van a ahorrar críticas al PDeCAT o a ERC.Sánchez justifica su negativa al superdomingo en cuestiones de “calidad democrática”, en que significaría devaluar el resto de citas electorales convocando unas generales. Una opinión, además, que comparte el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que, en alguna ocasión, ha defendido que hacerlas coincidir “no responde al espíritu de nuestra democracia”. A todo esto se une una circunstancia más: el PNV se opone radicalmente a ello. El grupo vasco es otra pieza fundamental para que Sánchez pueda continuar en el Gobierno. Además de Podemos, prácticamente su único apoyo sólido. Fuentes del PNV explican que en las negociaciones para la moción de censura el PSOE adquirió el “compromiso” de “consultarnos la fecha de las elecciones”. No está “firmado con ellos” que no se celebren con las municipales (en el País Vasco no hay autonómicas), subrayan, pero saben que para los nacionalistas los comicios forales son muy importantes y que no quieren un superdomingo. Los vascos aportan además otro dato: “El PDeCAT tampoco quiere que coincidan porque lo poco que les queda es poder municipal y pretenden intentar conservarlo”. Este mapa de situación apunta a dos opciones: elecciones en 2020, si Sánchez logra aprobar los Presupuestos, o en otoño si no lo consigue. Pero esto es sólo teoría. Lo único real es que los Presupuestos son la clave de bóveda de la legislatura y que el presidente piensa ir “al límite” para contar con el respaldo de los independentistas, aunque no tenga al PSOE detrás. En esta pretensión se enmarca la reunión con Quim Torra del día 20 y el comunicado conjunto para abrir un “diálogo” que ponga fin al “conflicto” político en Cataluña. Un gesto más que se une a otros muchos como la negativa a certificar que no indultará a los presos del procés, si al final son condenados, que están desestabilizando al PSOE y que, por ahora, han tenido escaso éxito.Fuentes socialistas señalan que el presidente volvió de Barcelona “sin garantías” de que PDeCAT y ERC le votarán las cuentas, ni siquiera de que permitirán que se tramiten oponiéndose a las enmiendas a la totalidad de PP y Ciudadanos. Las dos formaciones independentistas van a rachas. Unos días dicen que las rechazarán y otros, que no. Pero no parece tener mucho sentido que acaben tumbándolos y acelerando la caída de Sánchez este mes, tras aceptar negociarlos. Porque hay una nueva reunión programada entre la vicepresidenta, Carmen Calvo, y representantes del Govern -Pere Aragonès (ERC) y Elsa Artadi (cercana al huido Puigdemont)-, para dar fuelle al diálogo, justo cuando el Gobierno va a aprobar y enviar al Congreso los Presupuestos. Otra cosa es el respaldo final a las cuentas. Se siguen haciendo guiños y esta misma semana Miquel Iceta se ofrecía a negociar los presupuestos catalanes si los grupos catalanes tramitan y apoyan los del Estado. Moncloa sabe que Cataluña está necesitada de dinero y confía en los movimientos en la sociedad catalana y en el “malestar” por que no se haga nada para que los respalden. Pero esta es la bola de partido para el Ejecutivo de Sánchez: la votación final de las cuentas de 2019, con una dura negociación de por medio y el juicio a los líderes independentistas en marcha. Por eso, dirigentes socialistas enfrían mucho las expectativas de Sánchez. Al margen de que creen que de Torra y otros negociadores catalanes “no te puedes fiar”, sostienen que “los presos son lo único que mantiene unido al movimiento separatista”. Es imposible, afirman, saber cómo reaccionarán el PDeCAT y ERC ante la presión de este mundo y al “componente emocional” del juicio. Con este escenario se ven obligados a lidiar los barones. Se reedita prácticamente, aunque por motivos distintos, la fractura que en 2015 se produjo entre el Gobierno de Mariano Rajoy y sus líderes territoriales. Como ahora los socialistas, ellos también hicieron la guerra por su cuenta, escondiendo las siglas del PP y evitando al máximo la presencia de ministros, para neutralizar los efectos adversos de los recortes de Rajoy. No dio mucho resultado. Ahora, los barones del PSOE intentan zafarse del abrazo de Sánchez a los independentistas con métodos semejantes: campañas basadas en su gestión y una defensa a ultranza de la Constitución. “Ahora hay que decirlo todos los días”, señalan. No es que el votante socialista ponga en duda que los barones defienden la unidad de España, sostienen, pero quiere oírlo. Lo mismo sucede con temas que la irrupción de Vox ha colado en la agenda, como los toros o la caza. “A mucha gente que vota PSOE le molesta que se ponga en duda”, aseguran desde Extremadura. En todo caso, los dirigentes confían también en el empuje del voto municipal. Para Susana Díaz, recuerdan, ha supuesto una carencia. Y en que la tentación del mundo rural de identificarse con Vox se desinfle. “En los cinco meses que restan hasta mayo se va a ver que son unos bolinches”. Pero, pese a todas estas estrategias, resulta difícil sacudirse el pesimismo: “Parece que al personal le da igual lo hecho”. En Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana creen que sí les servirá la gestión realizada y las grandes diferencias con el PP de Cospedal o de Camps. Los dirigentes socialistas se disponen a librar su propia batalla, conscientes de que la situación nacional les va a penalizar. A pesar de la tensión que el PSOE ha evidenciado en las últimas semanas, en las reuniones con Sánchez éste les dio vía libre para actuar como consideren en la búsqueda del mejor resultado en sus comunidades. La relación con él, dicen, “no es mala”. Pero lo mismo piensa hacer él: actuar por su cuenta, forzar la maquinaria para aprobar los Presupuestos y ganar tiempo. Al final de la jungla hay un claro donde el presidente quiere conducir al independentismo. Iceta le ponía nombre hace sólo dos días: una «negociación a fondo» una vez que haya sentencia del procés.

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