La gran mentira del Pacto de Toledo: ni pensiones garantizadas ni subida con el IPC DOMINGO SORIANO (Libertad Digital)

Y no se crean que lo digo porque piense que hacerlo serviría de mucho. La política española seguiría siendo mediocre. Las propuestas económicas, disparatadas. Las perspectivas para el sistema de pensiones, muy negras. Pero al menos nos ahorraríamos las ruedas de prensa con esa cara de seriedad impostada. Las inútiles comparecencias de expertos a los que no se escucha. El postureo de la foto de familia en la escalinata del Congreso. La nada en papel de regalo.

Porque eso es el Pacto de Toledo: el mayor ejercicio de cinismo e impostura de la política española. Una farsa envuelta en un embuste, rodeada de una trola y decorada con patrañas.

Todo lo que rodea a este tema es una pura mentira. A las pruebas me remito. Nos dicen que se reúnen en el Pacto de Toledo “para sacar las pensiones del debate político”. Y no hay ninguna otra materia que los partidos españoles usen más a menudo para lanzar porquería sobre el contrario. Nada está más politizado que las pensiones. Ningún debate más viciado.

Piensen en lo que hicieron PP o PSOE cuando uno y otro estuvieron en el Gobierno y en la oposición: los dos grandes partidos tuvieron que aprobar una reforma de las pensiones futuras (bastante sensatas en uno y otro caso, aunque insuficientes) y los dos tuvieron que aprobar sendas congelaciones de las prestaciones en 2010 y 2012 (también dos decisiones dolorosas, pero necesarias). ¿Y qué hizo el otro partido? Echar mierda… incluso aunque sabían que eran medidas necesarias. Por cierto, que esto no ha cambiado con la nueva política: los minoritarios (sobre todo Podemos, lo que no es una sorpresa) han sido todavía más demagógicos y ventajistas en este tema que el bipartidismo.

También nos dijeron que el Pacto de Toledo serviría para pensar “en el largo plazo”. Y no hay ningún tema en el que prime más el cortoplacismo. Lo que sea con tal de salir cinco minutos en el programa de Ferreras con una manifestación de jubilados a la espalda. Cualquier cosa con tal de colocar una declaración en un telediario asegurando que tu partido es el único que cuida de los pensionistas. ¿Largo plazo? Lo dicen los mismos que rehúyen todas las reformas de calado con tal de poder gritar en el próximo mitin que las pensiones seguirán ligadas al IPC gracias a ellos. Si no fuera tan trágico sería de carcajada.

La última excusa era que el Pacto serviría para tomar “decisiones difíciles y responsables”. ¡Y no se les cae la cara de vergüenza cuando lo dicen! En este caso, el cuento es más o menos así: “La reforma de las pensiones es un tema delicado. Siempre sujeto a la posible demagogia. Lo mejor es que nos reunamos en un organismo en el que los acuerdos sean por unanimidad. De esta manera, no nos podremos echar en cara unos a otros tal o cual medida. Y el Gobierno de turno podrá aprobar las reformas, aunque sean impopulares, con más respaldo”.

Sí, no se rían, que éste es el argumentario oficial. Y lo repiten muy serios. Yo he llegado a pensar que se lo creen. Que viven tan alejados de la realidad que lo han interiorizado.

No quiero decir con esto que los sucesivos gobiernos hayan sido muy responsables en este tema. Pero en la comparación con sus compañeros del Congreso, no hay ni por dónde empezar: al menos desde Moncloa, tanto con Zapatero como con Rajoy, llegaron dos reformas razonables. Que se quedaron cortas, pero eran imprescindibles. Y no, el Pacto de Toledo no ayudó: en realidad, hace ya mucho tiempo que actúa más como un freno para no hacer lo necesario que como un apoyo sobre el que sostenerse.

Quizás los que instituyeron la Comisión, hace ya más de dos décadas, realmente eran sinceros cuando pensaron que podía ser la oportunidad de que éste fuera un país serio, al menos en un tema tan importante como el de las pensiones. Que las reformas se harían pensando en un futuro de varias décadas, que podía ser un mecanismo contra la demagogia, que podíamos imitar a los suecos o a los daneses (aunque sólo fuera en esto).

Pues bien, lo que ha ocurrido es justo lo contrario. ¿Por qué? Una mezcla de mediocridad entre los que forman parte de todo este juego (desde presidentes de gobierno y jefes de la oposición a diputados de a pie de la Comisión… sin olvidar el papel clave de la prensa, que desinforma más que otra cosa en este tema) y un esquema de incentivos perversos. El Pacto de Toledo no toma ninguna decisión, eso lo hace el Gobierno de turno. La Comisión del Congreso lo que hace es un documento con recomendaciones.

Y claro, eso es muy peligroso: como ellos no tendrán que cuadrar las cuentas, ni explicarle de qué va todo esto a Bruselas, ni vigilar el Presupuesto, los integrantes del Pacto tienen todos los alicientes posibles para entrar en una subasta. En el juego del “y yo más”. Si se aprueba la recomendación, por mucho que ésta sea una locura en el medio plazo para la sostenibilidad del sistema, se ponen la medalla: “Hemos conseguido arrancarles tal o cual medida para los pensionistas”. Si los demás se niegan a la locura, todavía es mejor para el que la propuso: “Somos los únicos que defendemos que nuestros mayores tengan pensiones dignas”. Lo que debería ser un mecanismo de control, previsión y planificación a largo plazo se convierte en una competición de demagogia y ocultamiento.

“IPC real”

Porque eso es el Pacto de Toledo. La mayor mentira de nuestra democracia. La milonga más cuidada. La pamema más afectada. No hay más que ver lo que ha ocurrido esta semana con la recomendación para vincular las pensiones al IPC. Los abrazos, los parabienes al explicárselo a la prensa, la unanimidad en el fraude. Porque todo es un fraude.

Es un fraude porque ni siquiera ellos tienen claro en qué consiste. Unos salieron diciendo que era el IPC y nada más, otros que era el IPC como elemento “troncal, pero no único” y los de más allá no saben qué significa ese “real” que le han puesto de coletilla al tan traído y llevado Índice de Precios de Consumo.

Por cierto, nota al margen: otra de las excusas para justificar el Pacto de Toledo era que aportaría “certidumbre” a los pensionistas actuales y futuros, porque se les hablaría con “claridad” sobre las medidas propuestas. Echen un vistazo a los teletipos de este miércoles y a las interpretaciones que cada partido hace de la misma frase sobre el ya famoso “IPC real” para comprobar como también se despedaza este pretexto. Esto es todo o nada. De hecho tiene toda la pinta de que cada Gobierno interpretará esa recomendación como le venga en gana: jugarán con nosotros y nos dirán que el “IPC real” es lo que ellos necesiten en ese momento que sea el “IPC real”: si necesitan tocar el IPC con una factor de corrección por bajo crecimiento… lo harán; y si necesitan retocar el IPC con un factor de corrección de empleo… también lo harán. No están engañando. Otra vez.

Pero sobre todo es un fraude porque nada de lo acordado este miércoles asegura nada a los pensionistas. Bueno sí, a los que ya lo son les asegura que el año que viene (y probablemente también en 2020, si antes no hay elecciones) la pensión subirá conforme al IPC. Nada más.

En España ya había una norma para revalorizar las pensiones conforme al IPC. Y en 2010 y 2012 dos gobiernos de diferente color político, tuvieron que ignorarla. ¿Por qué? Porque no había dinero en la caja. Las pensiones no suben ni subirán por lo que diga la ley. Las pensiones suben si se recauda. Porque las pensiones no son ahorro: son gasto que cada año se saca de los ingresos del PGE. Y si un año no hay, pues no se saca. Si alguien quiere asegurar las pensiones, lo que tiene que hacer es reformar la Seguridad Social de verdad y, al mismo tiempo, aprobar medidas que permitan que la economía española crezca y genere empleo: liberalizar el mercado laboral, dejar de subvencionar industrias decadentes, impulsar el crecimiento de las empresas, proteger a los inversores, no castigar a trabajadores cualificados ni a empresas que están teniendo beneficios… El sistema seguiría sometido a enormes presiones, pero al menos habría un asidero al que agarrarse (o más bien, sería un colchón que haría que la caída fuera un poco menos dura).

Pero tallar en piedra la palabra IPC no sirve de nada. A ver si alguien se cree que en Grecia había hace diez años una ley que decía que las pensiones iban a perder un 40% de poder adquisitivo en una década. Pues no. A los jubilados helenos también les decían que sus prestaciones subirían cómo mínimo con los precios y que estaban aseguradas… hasta que dejaron de estarlo.

Porque ésa es la gran mentira del Pacto (hay más, las detallamos en el último párrafo, pero ésta es la más grave). Cargarse el Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP) aprobado en 2013 sólo se justifica por la necesidad perentoria de engañar al ciudadano. La Comisión de Expertos que en aquel momento nombró Fátima Báñez (estos sí, expertos de verdad, y lo dice alguien que no comparte algunas de sus recomendaciones, sobre todo por el poco énfasis en la transición a un modelo mixto de ahorro más sostenible) estaba formada por personas de muy diferente procedencia: cercanos al PP algunos, pero muchos otros, casi podría decirse que la mayoría, más en el entorno del PSOE o los sindicatos.

Y lo que hicieron fue plantear un sistema sensato, que regulaba el incremento anual de las pensiones en función de los ingresos y gastos del sistema. Es mentira, como repiten algunos, que el IRP condenase a subir las pensiones al 0,25% para el resto de nuestros días. El IRP planteaba una subida del 0,25%… ¡si había déficit!!! Es decir, en realidad era un indicador de los problemas, la luz roja que avisaba de que el sistema estaba al límite. De hecho, el cálculo del IRP sin el límite inferior propuesto por el Gobierno nos habría llevado a bajar las pensiones en estos últimos años. No por maldad de nadie: sino porque no hay más de dónde sacar.

De hecho, en aquella comisión, hubo algunos de sus integrantes (uno fue repudiado luego por su sindicato por salirse de lo políticamente correcto) que plantearon alternativas con las que yo no estoy de acuerdo pero al menos eran coherentes: “Si el IRP sale negativo”, venían a decir, no es textual pero ésta era la idea, “lo que hay que hacer es crear un nuevo impuesto para subir la recaudación asociada a las pensiones, no eliminar el IRP”. Como digo, no me gusta la propuesta, pero al menos es coherente y no trata a los ciudadanos como si fueran idiotas.

Ahora ya podemos ser felices. Hemos vuelto al IPC. Serpentinas y fanfarrias. Las pensiones están “aseguradas”. Si alguno conoce a un amigo que viva en Atenas o Tesalónica, que le llame, para preguntarle cómo aseguraron allí las pensiones.

Y no será la única mentira:

Llegarán luego las de la “separación de fuentes de financiación”, para cargarle el problema a Hacienda y hacer como que el problema mengua cuando en realidad crece.
También veremos cómo nos esconden el endurecimiento de las condiciones de acceso: edad de jubilación, años de cálculo de la bases… Éste es un cambio ineludible, que habrá que hacer sí o sí, pero que también habría que explicar en lo que supone y por qué se hace (básicamente, es una quiebra parcial del sistema). No esperen ninguna explicación más o menos lógica: les dirán que como vivimos más hay que trabajar más; pero sobre lo que significa cambiar las condiciones prometidas los actuales trabajadores a mitad de partida, no habrá ni una palabra.
Nos tomarán el pelo con la edad de jubilación: dirán que el que quiera podrá seguir jubilándose a los 65 o 67 años. Incluso, si son muy sutiles-malvados, volverán a los 65 años de edad de jubilación… sin contar que el que se jubile en ese momento tendrá un recorte extra del 10-20-30% respecto a las condiciones actuales.
No nos dirán (ni una palabra) que el sistema es cada día menos contributivo y más asistencial. Vamos, que cotizar cada vez tiene menos premio.
Por supuesto, silencio absoluto sobre las tasas de sustitución para los nuevos pensionistas, sobre cuáles son las actuales y cuáles serán las futuras (se desplomarán, ya les advierto)
Cero medidas de reforma real, que nos pongan en el camino de Suecia, Holanda o Dinamarca (¡cómo les gustan estos países hasta que tienen que imitarles en algo!), tres sistemas mixtos, con un peso creciente del ahorro privado (directo-individual y a través de planes de empresas-trabajo-sectoriales
Eso sí, la foto les saldrá preciosa. En la escalinata del Congreso. Delante de los leones. Con el texto del acuerdo en las manos, enseñándoselo a la prensa. Hablarán de “responsabilidad”, “sosteniblidad”, “solidaridad”… Y yo me acordaré de Quo-Vadis y de la famosa escena de la carta de despedida de Petronio a Nerón: “Puedo perdonarte por haber asesinado a tu madre y a tu esposa, por haber incendiado nuestra amada Roma, por haber esparcido por toda la nación el hedor de tus crímenes… pero hay una cosa que no te puedo perdonar, el aburrimiento de haber escuchado tus versos, tus canciones de segunda categoría y tus mediocres representaciones. Embrutece a tu pueblo, pero no lo aburras”. Pues eso, por lo menos que no nos aburran más. Llegados a este punto, es lo único que les pido.

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