José María Aznar: “O el PP se renueva o dejará de ser partido de Gobierno” (ABC)

El ex presidente expone en esta entrevista, en pleno proceso de primarias del PP, las claves que él considera necesarias para la reconstrucción de un proyecto nacional y ganador de un centroderecha unido. Entiende que la reflexión debe alcanzar a su propio partido, pero también a Albert Rivera y a Ciudadanos.

Por primera vez en el PP se celebra un proceso abierto de primarias.
Y yo me voy a quedar al margen porque creo que es mi papel. Por eso dije que no me sentía representado por nadie.
Alguno de los candidatos tiene la etiqueta de aznarista.
Nunca he creído en el aznarismo y no lo he practicado. La personalización de la política, los proyectos sin propósitos y sin objetivos, son una enfermedad de la política que me disgusta profundamente.
Pablo Casado fue jefe de su gabinete y en una ocasión, en Ávila hace varios años, se refirió a él como su sucesor.
No me va a coger con la guardia suficientemente baja como para hablar de los candidatos.
¿La renuncia de Feijóo agudiza el riesgo de fragmentación?
No sé si ese riesgo responde a la realidad. Hay una oportunidad para reconstruir el centroderecha y renovar y refundar el PP. Si se hace, podrá volver a ser un partido de Gobierno. Si no se hace, el PP corre el grave riesgo de dejar de ser un partido con posibilidades de Gobierno. Si no se hace, lo harán los electores en las elecciones.
Hay una expectativa de una pugna personal y no programática entre Cospedal y Santamaría, dos personas muy cercanas a Rajoy.
Me interesa más la reconstrucción del espacio político, porque yo legué un espacio político integrado después de un ejercicio de sumas y de adiciones y de ensanchar las bases del partido. Un centroderecha unido es necesario. Me preocupa la situación del país. Vivimos todavía con un golpe de Estado sin resolver. También la crisis política, con un Gobierno en minoría y en una situación internacional muy cambiante.
La situación del PP tiene mucho que ver con esas crisis.
Es que tiene que haber un diagnóstico muy claro de lo que ha pasado y un proyecto claro bajo un liderazgo. Ahí el PP se la juega.
Hace tres años se preguntó usted: «Dónde está el PP».
Lo importante es qué tiene que ser el centroderecha y qué tiene que ser el PP dentro del centroderecha. En 2015 dije que el PP necesitaba una rectificación enérgica y creíble, y que, si no lo hacía, vendrían problemas muy serios. Hace 15 días, cuando hablé de reconstruir el centroderecha, sufrí todo tipo de descalificaciones. Hoy, viendo que se habla de refundación, me quedé corto.
¿Qué señas de identidad ha perdido el PP?
El PP pierde sus referencias en 2008 cuando acepta los planteamientos que sobre él hace la izquierda. Y en lugar de acercarse a su electorado y de ensanchar su base, pierde sus puntos de referencia. Por eso se produce una fuga de votos y de respaldo al PP.
En el congreso de Valencia, hace 10 años, advirtió que el PP no podía ser el partido que esperaban sus adversarios que fuera.
Se partió del error de pensar que se habían perdido las elecciones porque se había perdido el centro. Pero no. En 2008, el PP gana el centro político pero perdió las elecciones por la participación de la extrema izquierda. El problema es que, a partir de entonces, pierde su posición porque asume el discurso que hace la izquierda de él. En política, cuando intentas difuminar tu posición, creyendo que con eso ganas más votos y provocas menos rechazo, lo que provocas es tener menos votos y más rechazo. Eso es lo que produce la confusión que se manifiesta cuando el PP empieza a tomar decisiones alejadas de su base electoral.
¿Qué concretas líneas maestras tendría que tener un proyecto ilusionante para el centroderecha?
Un proyecto no tiene que ser solamente político, tiene que ser también un proyecto cívico. La reafirmación de la nación española como nación de ciudadanos libres e iguales; el fortalecimiento del Estado; la continuación de las reformas económicas y una posición internacional muy clara en el sentido de los valores atlánticos. Ése es el proyecto que tiene que defender el centroderecha.
Usted se ofreció a ayudar «desde» su «posición». ¿Qué significa?
Significa hacer lo posible para que se retome el proceso de integración que hizo del PP la casa común del centroderecha. A eso dediqué mi vida política y vuelve a ser necesario, pero desde mi posición, fuera de la política. Ya lo hice en su momento. A todo el que quiso, le enseñé la puerta para entrar. Ahora les toca a otros y en lo que pueda ayudar, ayudaré.
Rivera y Ciudadanos
¿Qué puede aportar Ciudadanos?
Yo soy afiliado del PP. En 2015, antes de intervenir en un mitin, me dijeron que no criticase a Ciudadanos. Yo no hice caso porque me parece un error no distinguir al PP de Cs. Pensé que generaba una gran confusión porque algunos pensarían que se podían pasar a una especie del PP de Rivera. Que fue lo que pasó. En cualquier caso, conviene reflexionar cuando uno tiene 36 diputados en Cataluña y otro tiene cuatro.
Desde las filas del PP se ha criticado más a Rivera que a Sánchez.
Y a mí. Y todo por advertir lo que ha pasado. Me cuesta mucho aceptar lecciones de lealtad cuando he estado a punto de ser asesinado por defender a mi país, mis ideas y mi partido. Sobre todo que lo digan personas que se han dedicado a intentar enterrar 14 años de historia del PP. La lealtad no es el silencio.
Habla de la unidad del centroderecha. ¿Habría que promover una fusión entre PP y Ciudadanos?
Yo entregué un partido de centroderecha unido. Evidentemente, no es lo mismo tener el 45% de los votos que el 23%. Si el PP quiere recuperarse, tendrá que dirigirse a esos millones de votos que se han ido del PP a Ciudadanos.
¿Es viable que se tiendan puentes entre Ciudadanos y el PP?
La realidad es que la reflexión del centroderecha incluye al PP e incluye a Ciudadanos. El patrimonio histórico del centroderecha que representaba el PP se ha perdido. ¡Qué le vamos a hacer!
¿Y no será Rivera quien pueda encabezar ese proceso de reconstrucción al que usted se refiere?
Rivera debe elegir entre ser coprotagonista de ese proceso de refundación del centroderecha o ser el actor secundario de la izquierda.
Rajoy, el sucesor
Rajoy dice que deja un país mejor que el que se encontró. ¿Lo cree?
Me preocupa mucho que no haya sido capaz de resolver un golpe de Estado.
¿Y deja un partido mejor que el que se encontró?
La necesidad de refundación del PP es muy distinta a la situación de unidad del centroderecha representado por el PP. Es muy diferente.
La persona que ha protagonizado esa pérdida de señas de identidad de la que habla es la que usted designó sucesor. ¿Fue un error?
No me arrepiento. Le deseo mucha suerte.
Él aludió a usted como desleal en su despedida.
Cada uno hace la despedida que le parece oportuna. Yo anuncié con mucho tiempo de antelación que me iba y respeté mi palabra.
¿Qué virtudes de liderazgo observó en él como sucesor?
Yo no soy profeta del pasado ni soy adivino. Rajoy era lo menos… El que tenía menos inconvenientes en un momento determinado.
¿Usted contempló un proceso de primarias?
La situación es distinta y el mundo ha cambiado. De lo que se trataba es de garantizar al máximo la unidad de un partido que era enormemente fuerte.
¿Cuándo fue la última vez que hablaron?
Probablemente hace tres años.
¿En qué momento se produce esa ruptura tan abrupta con él?
Las cuestiones políticas son las cuestiones políticas. Rajoy ha sido presidente del Gobierno, ha dejado de serlo por una moción de censura, ha hecho muchísimas cosas… La cuestión de ser presidente es que luego pasas a ser ex presidente.
A usted seguramente le resultó muy doloroso que en aquel congreso de Valencia el partido excluyese a esa parte del partido que representaba María San Gil.
He pagado un precio muy alto por alertar sobre algunas cosas. La política es un ejercicio de suma, y ahora, en los momentos de reconstrucción, hay que tenerlo siempre presente. Uno de los grandes activos del PP era eso, el ejercicio de la suma. Ensanchar la base electoral es el reencuentro reforzado con los electores. Los electores no se han movido, los que se han movido son los partidos. El PP y también, el PSOE.
¿Cree que Rajoy debería haber dimitido para que no saliese adelante la moción de censura?
No voy a enjuiciar las decisiones que se tomaron. Lo que no sé es si un candidato del PP hubiese obtenido mayoría suficiente para continuar en el Gobierno. Como no lo sé, no puedo enjuiciar esa decisión.
actual del PP?

La corrupción me parece absolutamente inaceptable. Pero con la corrupción no se puede generalizar, sin distinguir por personas o circunstancias. Yo he procurado dar ejemplo de combate contra la corrupción de una manera continua, cuando tuve responsabilidades. Creo que poner el ventilador en las cuestiones de la corrupción es un error. En el tratamiento de esa cuestión, el PP ha puesto el ventilador contra sí mismo, un error absolutamente garrafal.
¿Qué quiere decir?
El ventilador no resuelve los problemas; los extiende. Es una manera de decir: esto viene de aquí, esto de allá. En fin, pueden perturbar más de lo que se intenta resolver.
Pero sí es cierto que, en el año 96, cuando el PP que usted lideraba gana las elecciones, lo hizo con un programa de regeneración. ¿Usted entiende que hay personas que puedan sentirse decepcionadas al comprobar que ese partido se estaba financiando ilegalmente?
Entiendo que puedan sentirse decepcionadas, que puedan pensar que fallaron controles. Pero entiendo que hay que concentrar las cosas desde el punto de vista de las responsabilidades individuales, que son al final las determinantes.
Esas personas que han sido condenadas en Gürtel utilizaron la ascendencia que les procuraba la cercanía con el poder que usted representaba.
No, eso no es así. Cuando yo me tuve que enfrentar a esos hechos, lo hice y sigo pensando lo mismo. Si ha habido personas que no han tenido un comportamiento correcto deben pagar por ello.
Es notorio que algunas de esas personas estaban en un círculo personal cercano al suyo.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, el señor Correa fue testigo de la boda de su hija.
Hay cuestiones que a mí todavía me llaman mucho la atención, de las cuales se sigue hablando, porque en 16 años pasan muchas cosas… En su periódico también han pasado muchas cosas. Da tiempo para estar vivo, da para estar muerto… Bueno, da para muchas cosas. Yo soy muy consciente de que se dice: «Nosotros hemos pagado el precio de cosas que vienen de ‘la época de Aznar’». Bueno, ¿qué es eso de ‘la época de Aznar’? No acepto que se hable de ‘la época de Aznar’ como diana para intentar justificar errores.
¿No se siente decepcionado por los casos de esa época?
Me puedo sentir decepcionado con comportamientos individuales, pero yo no generalizo esos comportamientos. Por otro lado, me preocupa mucho que en España se haya puesto en marcha una política general según la cual todo político que está investigado debe dimitir. A mí eso me parece un ejercicio de dimisión y de abdicación de responsabilidades por parte de los políticos. Un disparate que pone en manos de los jueces la existencia política y que elimina la presunción de inocencia de manera radical.
La política en Cataluña
Un documento de FAES criticaba la ausencia de discursos y políticas movilizadoras del Gobierno de Rajoy en Cataluña.
Un votante constitucionalista en Cataluña, como en su momento en el País Vasco, cuando sale a la calle, se tiene que sentir respaldado. Tiene que sentir que la nación española, que los españoles están con él, que el Gobierno de la nación está con él, que el Estado está con él. Y tenemos la experiencia de lo que pasó en el País Vasco, cuando, para derrotar al terrorismo de ETA, se confrontó todo el aparato político del terrorismo. No hay que olvidar lo que fue el plan Ibarretxe. Es una pena que Zapatero derogase la norma según la cual el que convocase un referéndum ilegal podía ser castigado con penas de prisión. Y es una pena que no se reestableciese después. Pero existe una Ley de Partidos Políticos que está vigente y que determinó un cambio en el País Vasco.
Dos millones de independentistas son muchos…
A mí lo que me preocupa es que esos 45 millones de ciudadanos que no son secesionistas mantengan una posición firme y de unidad. Creo que el Rey lo entendió muy bien. Habló para los españoles, todos los españoles, no para dar la razón a los secesionistas.
En el PP se recuerda que con el Pacto del Majestic usted cedió competencias importantes.
El Pacto del Majestic fue un buen pacto. A los grandes profetas del pasado, que ahora abundan en el PP, entonces no se les escuchó decir nada. El resultado de esos cuatro años de Gobierno fue una mayoría absoluta y el fortalecimiento de España y de la Transición. Ésa es la verdad. Luego los nacionalistas cambiaron. Los estudios dicen que en 2004 había un 10% de votantes separatistas y hoy son el 50%. ¿Qué ha pasado desde entonces? No sólo hay que reconstruir el centroderecha. También es necesario refundar el centroizquierda. El actual Gobierno no va por ahí desgraciadamente.
Pero sí es cierto que por ese pacto se retiraron competencias a la Guardia Civil en beneficio de los Mossos. ¿Hace autocrítica?
Bueno, obviamente en toda tarea política hay aciertos y errores. Nosotros aplicamos el estatuto vigente de Cataluña. No me voy a arrepentir de haber desarrollado el Estado de las Autonomías, pero tampoco me voy a arrepentir de haber alertado de que el Estado de las Autonomías se ha desarrollado completamente. Y que detrás de esa raya solo quedaba el debate sobre autodeterminación. Que se haya cruzado es responsabilidad de otros.
Pero es verdad que no permitió que se presentara un recurso ante el Tribunal Constitucional con el asunto de la lengua.
El recurso es una potestad que tenía el Defensor del Pueblo en aquel momento. Probablemente pudimos hacer más, pero la historia de Cataluña es un… Esas historias son eso, y la historia de la Transición es una historia de integración.
¿Se puede reconducir la situación en Cataluña?
Los elementos esenciales que pusieron en marcha el golpe siguen vigentes. Hoy parece que incluso los que me han descalificado están de acuerdo con que la intervención en Cataluña no ha dado resultado porque no ha sido suficientemente decidida. La decisión de realizar una intervención como se hizo, para convocar elecciones, ha sido un error del que no se puede responsabilizar a nadie más que a quien la ha tomado.
¿Los partidos constitucionalistas deberían afrontar juntos el desafío nacionalista?
En lugar de estar hablando del traslado de presos, tenemos que respaldar más que nunca a los movimientos cívicos en Cataluña, a los ciudadanos que han salido a la calle… ¿Quién va a respaldar a esos votantes? Pongo el ejemplo del País Vasco. Hoy el PP y el PSOE juntos no suman ni lo que tuvo Jaime Mayor Oreja en el año 2001. Y su perspectiva es cada vez peor. Todo eso es lo que está por delante. Un proyecto nacional renovado. Nos jugamos la continuidad de la Transición democrática en esto.
Cuando dice un 155 más duro, ¿a qué se refiere? ¿A cerrar TV3?
Cuando te dan un golpe de Estado tienes que desarticularlo. También sus aparatos mediáticos, culturales y financieros. Si no se hace, estás jugando a un juego equívoco también desde el punto de vista de la legalidad. Se hizo lo que se hizo y los resultados no son los mejores ni los deseados. También hubo una operación Diálogo en Cataluña que resultó un fracaso y no conozco a nadie que se haya hecho responsable. Y ahora hay otra en marcha. Me preocupa que los paganos de esta operación de diálogo que se quiere hacer otra vez en Cataluña vuelvan a ser los constitucionalistas.
Entonces, el 21-D…
Si en lugar de desarticular el golpe, le das al nacionalismo la oportunidad de ganar las elecciones, te gana las elecciones. Es difícil de explicar esto porque es un hecho insólito en la Historia.
¿Y cómo juzga que hayan ganado la batalla de la opinión pública internacional al margen de las cancillerías?
Es un problema de movilización. Se puede recurrir a muchos foros y organismos en el mundo para explicar bien lo que pasa. Hay un mundo muy importante y muy influyente, y eso hay que cuidarlo mucho.
¿Le ha sorprendido que la euroorden, que usted promovió, no haya servido para que Puigdemont esté en una cárcel española?
La pregunta que hay que hacerse es si eso, lo que le está pasando a España, le pasaría a Alemania o Francia. Francamente lo dudo.
¿Y qué pasa con España?
España es un país que puede tener más o menos peso internacional si juega más o menos acertadamente sus cartas. Los momentos de mayor influencia internacional de España no han sido precisamente recientes.
A usted se le acusó de querer ser más de lo que era España realmente. ¿Está pasando lo contrario?
No me importa que me acusen de tener ambición para mi país. La sigo teniendo. Otra cosa distinta es perder la posición. Los liderazgos son activos, no reactivos.
La desaparición de ETA
¿Cree que se ha pagado un precio por la desaparición de ETA?
No veo ninguna razón para darles ventajas políticas a quienes han defendido posiciones vinculadas al terrorismo, por eso me preocupa mucho ese reencuentro del nacionalismo con los defensores del terrorismo, y por eso no soy partidario en este momento de hablar de procesos generales, de acercamiento, de…
El presidente del Gobierno aludió a que iba a cambiar la política penitenciaria respecto a los presos…
Sí, pero uno a uno. Ahora tienen la oportunidad de pedir perdón, de arrepentirse, y de decir que no tenían que hacer lo que hicieron. Uno a uno, o con carácter general.
¿Pero cree que ha logrado ETA algunos de sus objetivos políticos?
Sí, claro que lo han logrado.
¿Por ejemplo?
Me preocupan la situación de Navarra, el arrinconamiento de las fuerzas constitucionalistas en el País Vasco, la desarticulación del movimiento constitucionalista. Mire, no basta con hacer solamente gestos en relación con las víctimas. Es que no hay explicación de lo que ha pasado en España sin que las víctimas estén en primer plano. Ése ha sido el elemento fundamental de lucha de la democracia española.
El gobierno de Sánchez
Pedro Sánchez ha llegado con el voto de los separatistas.
Yo no creo en las coaliciones negativas y la responsabilidad del centroderecha es plantear una alianza positiva, y cuando hablo de las posibilidades del centroderecha incluyo al PP en lo que le corresponde y a Ciudadanos, porque Rivera tiene hoy una parte importante de los activos y del patrimonio político del PP.
Sánchez plantea una reforma constitucional para Cataluña.
Es absolutamente inviable, o sea, plantear una reforma constitucional y plantear la vuelta a un estatuto declarado inconstitucional en gran parte me parece un ejemplo de error político muy grave, y con eso además es que no se va a contentar al secesionismo. No sería bueno que fuesen de nuevo los votantes constitucionalistas quienes pagaran de nuevo las consecuencias de otra operación de diálogo.
¿El PSOE de Sánchez le recuerda al de Zapatero?
Se nota que hay un gobierno socialista en que cada vez que habla un ministro, incrementa el gasto o anuncia más impuestos. También se han introducido hechos o intenciones que pueden alertar en torno a la vuelta a ese tipo de políticas de exclusión de la derecha. Son políticas muy peligrosas porque lo que cuestionan es la Transición democrática.
¿El nuevo Gobierno pone en juego la Transición?
El modelo de la Transición se pone en riesgo a partir del año 2004, en algunas expresiones muy claras como la Ley de Memoria Histórica, que es un perfecto desatino. Es inexplicable el que no fuese derogada en su momento por el PP con mayoría.
¿Qué haría usted con el cuerpo de Franco?
Yo creo que la cuestión es la Transición. El cuerpo de Franco está donde está desde el año 1975 y una cosa es el respeto a la memoria de las víctimas del Franquismo y otra cosa es poner en cuestión la Transición democrática. Si se cuestiona la Transición, también se cuestiona la Monarquía, que es el elemento básico de la Transición, y de la Constitución, que es el principio de la unidad de España. Ésos son los puntos de reafirmación tanto en el centroderecha nacional como en el centroizquierda nacional.
Decía antes que volvíamos a la deslegitimación de la derecha…
Esencialmente. El cuestionamiento de la Transición supone la ruptura de los elementos básicos de la convivencia y de la alternancia entre los españoles y supone la exclusión y el arrinconamiento del centroderecha. Y una de las cosas que debe hacer el PP es dejar de creerse esa especie de leyenda negra.
Con polémicas como la del Valle de los Caídos… ¿El PSOE busca romper esa especie de unidad para no ceder ante el separatismo?
Claro. La reacción espontánea que se produjo por parte de millones de españoles es un patrimonio político formidable, y ese patrimonio político se ha dilapidado con una intervención que no ha producido los efectos deseables. Y se puede dilapidar ahora si se hace pagar a toda esa gente que se movilizó el coste del diálogo que parece buscar el Gobierno de Sánchez.
¿Le da recorrido al Gobierno?
En este momento, la tendencia es a resistir porque a nadie le interesan unas elecciones, pero gobernar con 84 diputados con una coalición negativa es muy difícil. Y claro, ¿cómo se afronta el tema de las pensiones? ¿Del golpe de Estado?
Supongo que observará con preocupación cómo aborda la UE temas como la inmigración.
Me preocupa la conjunción del auge del nacionalismo y el populismo motivados por cuestiones migratorias, unido a las circunstancias del Brexit y a la debilidad en este momento de la relación atlántica. Los ciudadanos en la mayoría de los países están muy preocupados por las cuestiones migratorias y por las cuestiones de seguridad. Y la preocupación está relacionada con políticas de corte populista o radical, como es el caso de Italia. En España haríamos bien en hacer una reflexión sobre todo en esas cuestiones. Conviene reflexionar para definir políticas más allá de los gestos. Hay gestos que, desde el punto del sentimiento humanitario, no son criticables. Pero no hacen políticas.

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