Bouteflika renuncia a presentarse a un quinto mandato tras las protestas pero pospone las elecciones

El presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, ha renunciado a presentarse a un quinto mandato después de aterrizar este domingo en Argel, según ha explicado en un mensaje a la nación leído en el principal informativo de la noche en el que también ha manifestado su decisión de aplazar las elecciones presidenciales previstas para el próximo 18 de abril.

Además, tras las masivas protestas registradas en las últimas semanas, la decisión de Bouteflika llega acompañada de la dimisión del primer ministro a Ahmed Ouyahia que será sustituído por el actual ministro del Interior Noureddine Bedoui.

El anuncio se produce entre rumores sobre su verdadero estado de salud, ya que el mandatario, de 82 años, estuvo ingresado en un hospital de Suiza durante quince días hasta este domingo.
Hacia un proceso de transición “inclusivo”

Bouteflika, que se ha comprometido “a entregar los deberes y las prerrogativas del presidente de la República al sucesor que el pueblo argelino elija librmente”, ha justificado el retraso electoral para la celebración de una confeerencia nacional “para reformar el sistema político y redactar una Constitución de aquí a finales de 2019” en respuesta a “la urgente solicitud” que los argelinos le han manifestado.

“No habrá un quinto mandato y jamás me lo he planteado”, ha afirmado Bouteflika, que -no obstante- ha asegurado que su edad y su estado de salud “solo le asignan como último deber con el pueblo argelino contribuir a la fundación de los cimientos de una nueva República”.

El proceso de transición se vertebrará a través de la convocatoria de una conferencia nacional “independiente e inclusiva”, cuyos detalles no se han ofrecido en el texto recogido por la agencia oficial APS, y de la formación de un Gobierno de unidad nacional que tutele todo el proceso.
Tres semanas de protestas

La decisión se produce apenas tres semanas después de que cientos de miles de argelinos salieran pacíficamente a las calles del país para exigir la renuncia del mandatario y la caída de régimen, al que acusan de corrupto.

Las movilizaciones arrancaron hace varios meses en los campos de fútbol y saltaron a las calles del país el pasado 22 de febrero, dos días antes de que Bouteflika fuera trasladado a Ginebra para ser hospitalizado y antes de que el régimen suspendiera la inauguración del nuevo aeropuerto de Argel, a la que iba a asistir.

Desde entonces fueron creciendo cada viernes y mutando para pasar de ser una protesta contra el quinto mandato de Buteflika a convertirse en un clamor popular contra la corrupción de un régimen dominado por el Ejército y los servicios secretos desde la independencia de Francia en 1962.

En la presidencia desde 1999, Bouteflila sufrió en 2013 un “derrame cerebral” que mermó sus facultades físicas y que ya le impidió hacer campaña en las presidenciales del año siguiente, aunque ganó los comicios.

Desde entonces no habla en público, se mueve en una silla de ruedas empujada por su hermano Said y sus apariciones públicas son escasas, reducidas a las imágenes grabadas por la cadena estatal con motivo del consejo de ministro o de visitas de altos dignatarios extranjeros.
Hace un lustro que no viaja al extranjero y en los dos últimos años ha cancelado en el último momento por “recaídas de salud” reuniones ya confirmadas con altos responsables como la canciller alemana, Angela Merkel, o el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamad bin Salmán.

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